Calcuta o Kolkata, es la capital del estado de Bengala occidental y no es una puerta de entrada habitual a la India para los viajeros occidentales. Todo en ella es exagerado, enorme, inabarcable, exótico, caótico, fuerte.

Demasiados adjetivos para el inicio de una historia, pero es que nada te prepara para enfrentarte con Calcuta. Enorme y superpoblada, está separada por miles de kilómetros de Bombay, Nueva Dehli y el Rajastán, rutas acostumbradas de viajeros y turistas. Es India en estado puro, con todo lo bueno y lo malo que eso pueda significar. Pero todo empezó unas horas antes. Acompañennos a conocer nuestra visión sobre Calcuta y la Madre teresa también.

Nos levantamos pasadas las cinco de la mañana en una Bangkok dormida que ya empieza a levantar temperatura. El camino al aeropuerto de Don Mueang lo hacemos rapidísimo, en otros horarios se tarda más de una hora, pero gracias al poco tráfico llegamos en menos de 40 minutos. Cuesta despedirse de Bangkok…fueron tantas las veces que fuimos y vinimos que ahora que la partida es definitiva (por  lo menos por este viaje) hace que ya la extrañemos de antemano. En la cola para subir al avión no somos más de diez con rasgos occidentales, los pasajeros son casi todos indios que regresan a su país cargados de paquetes de todos los tamaños imaginables. Un guardia tailandés, por su parte, grandote, con cara de malo y con balanza digital en mano les prohíbe subir con esos bultos a la cabina del avión. Va pesando todos los bolsos de mano uno por uno. Dudamos del nuestro…pero nos pasa de largo sin siquiera mirarnos. El vuelo aterriza en una hora y media y tras recuperar las mochilas, arreglamos con un canadiense y un norteamericano para compartir el taxi. En la oficina de pre pago del aeropuerto el viaje cuesta 300 rupias (U$1=54 rupias) a las que luego el conductor añade 100 más por las valijas, todo en esta ciudad se mueve en base a propinas o extras.

 

Taxis en el aeropuerto de Calcuta, India

Planchando, Calcuta, India

El camino al centro es caótico, el chofer maneja como un demonio sin parar de tocar la bocina entre autos, buses destruidos, palas mecánicas, vacas y carros empujados por hombres. Cuarenta minutos después arribamos a Sudder Street, la zona de los “hoteles” medio pelo, además de la de los alojamiento de los muchos voluntarios que llegan a la ciudad para brindar ayuda humanitaria.  Al bajar nos separamos de nuestros acompañantes y rápidamente se nos acercan hombres para ofrecernos habitaciones. Unos metros mas adelante aparece el Fairlawn hotel, está fuera de nuestro presupuesto, pero Caro me espera en el bar con el equipaje mientras yo voy a buscar un lugar donde dormir. Cuando regreso, Caro ya hizo amigos, unos españoles de Granada que van a pasar unos días ayudando en la fundación de la Madre Teresa. Nos vienen bárbaro porque estamos interesados en conocer la obra, así que quedamos en vernos en un par de días para que nos cuenten su experiencia. Nuestro hotel se ubica a unas pocas cuadras, da a un callejón que tiene pequeños locales y una bomba de agua en donde la gente se baña en la calle. Un pastor pasa con sus cabras y los autos no paran de tocar la bocina, cada tanto se acercan mendigos pidiendo dinero y mujeres que te quieren leer la suerte en la palma de la mano. Sudder estreet y las pequeñas callejuelas que la cortan son todas ruinosas, con varios hoteles y un par de restaurantes. 

Postales de Calcuta, India

Postales de Calcuta, India

Postales de Calcuta, India

Postales de Calcuta, India

Cabra atada cual perro esperando por su dueño

Nos dirigimos hacia la zona del Mercado Nuevo a unos doscientos metros, el edificio de color granate tienen cientos de locales en su interior y otros miles instalados en la parte de afuera. Andamos por allí entre el gentío, los carros, los ruidos, los cuervos que comen de la basura, los hombres que la miran a Caro sin disimulo y una marcha numerosa y pacífica que enarbola banderas comunistas.

A la noche cenamos en un restaurante que nos recomiendan en el hotel, pollo al tandoori (cocido en horno de barro), rotis (pan bien finito y tostado), porción de arroz de granos largos y naan (parecido al roti pero untado con ajo y queso de cabra).

Pollo al Tandoori

Tras el desayuno decidimos que nuestro próximo destino será Darjeeling bien al norte, pegada a los Himalayas, así que si bien nos vamos a quedar unos días más en Calcuta, necesitamos sacar los pasajes de tren con anticipación. Es imposible conseguirlos por internet, así que averiguamos en las agencias de la zona y en todas el precio es el doble de lo que nos habían dicho. Entonces en nuestra hoja de ruta marcamos también la Oficina de Turismo para extranjeros en donde en teoría podremos conseguir los boletos. Antes  de salir cambiamos dólares por rupias siempre asegurándonos que no nos cobrarán comisión y mostrando la cifra en una calculadora para que no haya malos entendidos.

Iniciamos la caminata, todo lo que vemos es interesante, fascinante, perturbador. De nuevo el exceso de adjetivos. Es difícil no estresarse por la locura del tráfico, la pobreza, el movimiento constante de hombres y mujeres que transportan de todo sobre sus cabezas y la cantidad de puestos de comida con sus cuencos oscuros y el aceite trepidando. Recorremos una calle repleta de negocios metalúrgicos, todos los metales que a uno se le puedan ocurrir se trabajan allí a temperaturas que queman a la distancia. También hay negocios de ropa, zapatos, electrodomésticos, plomería, etc. Las fachadas de todos los edificios tienen grabadas las manchas del tiempo y del hollín, con años sin una mano de pintura y si uno se asoma al interior se pueden ver las más rústicas habitaciones imaginables. Igualmente los que viven allí son los privilegiados, por lo menos tienen un techo.

Encontramos la oficina de turismo pasando el banco Central de Calcuta con guardias armados hasta los dientes. La oficina parece detenida en la década del setenta, sillones rotos, computadores antiguas y empleados públicos en donde trabaja uno de cada tres y que tardan veinte minutos por persona. Nos lleva cerca de una hora y media sacar allí los pasajes pero lo conseguimos. Pagamos 20 dólares cada uno por la Segunda clase con AC. En India hay muchas clases para viajar en tren. Como este es un tren nocturno, elegimos el que tiene cuatro literas por cubículo. La otra opción es 3 Ac con seis literas o las clases sleeper sin aire acondicionado y sin literas. Era nuestra primera experiencia en tren en India así que decidimos ir paso a paso con las locuras.

Mercado de las Flores

Mercado de las flores, Calcuta, India

De allí vamos al Mercado de las Flores. Si India ya es un país que se distingue por su multiplicidad de colores, este mercado es la explosión de un arco iris. Las flores, el misticismo, los sahumerios, la enorme cantidad de gente, la pobreza, los mendigos, la basura, los ruidos, los aromas, los gritos, las bocinas. El calor se suma al espectáculo y nosotros que andamos a los tumbos ante la impresionante cantidad de estímulos que reciben nuestros sentidos, entre miles de bolsas de flores naranjas y amarillas y mujeres que trabajan incansablemente vestidas con sus saris, con el punto rojo en medio de la frente. Allí no hay hostilidad, solo la vorágine del trabajo y la buena onda de la gente que sonríe o mira resignada cuando le sacamos una foto.

Mercado de Flores, Calcuta, India

Mercado de Flores, Calcuta, India

Mercado de Flores, Calcuta, India

Mercado de Flores, Calcuta, India

Mercado de Flores, Calcuta, India

Mercado de Flores, Calcuta, India

Mercado de Flores, Calcuta, India

Mercado de Flores, Calcuta, India

Mercado de Flores, Calcuta, India

Mercado de Flores, Calcuta, India

Volvemos hacia la zona de la Sudder caminando por avenidas que parecen hormigueros, entre colectivos que funcionan a pesar de los años y un trolebus que de tan viejo las ruedas salen de las vías y golpean el pavimento.

Calcuta y la Madre Teresa

Mezquita

Al otro día nos vamos caminando hacia la Casa Central de la fundación de la Madre Teresa, conocida como la de “Las Hermanas de la Caridad”. Por allí todo es pobreza, igual o peor que en la otra parte de la ciudad. Basura, cabras, niños que piden una moneda y gran cantidad de musulmanes. Ingresamos a la casa central en donde en una de las habitaciones se ubica la tumba de la Madre Teresa. Permanecemos en silencio por unos minutos y luego vamos a ver el pequeño cuarto en donde durmió por años.

Fundación Madre Teresa de Calcuta

Tumba de la Madre Teresa de Calcuta

Tumba de la Madre Teresa de Calcuta

Fundación Hermandas de la caridad de la Madre Teresa de Calcuta

Luego de mucho preguntar, conseguimos hablar con la hermana que se encarga de las relaciones con la prensa.  Le decimos que nos gustaría mucho poder hacerle una entrevista contando los trabajos de la fundación pero centrándolo en el trabajo de los voluntarios. No parece cómoda ni contenta con el hecho de que seamos periodistas.  Nos dice que toda la información la podemos leer en internet o en el museo instalado en el cuarto de al lado. ¡Pero queremos hablar con los voluntarios, con las monjas, hacer una nota íntima y personal! Nada de eso, nos dice que no les interesa la prensa. Decidimos por nuestra cuenta ir a otra de las casas, sabemos que es el día en el que se van a anotar allí los voluntarios para pasar unos días ayudando. Nos encontramos con un grupo de argentinos que esperan para elegir en qué casa van a ayudar, nos parece una gran nota para nuestro blog y nos ponemos a charlar con ellos. En eso se acerca una hermana, le contamos que venimos de la otra sede con expectativas de poder escribir sobre los voluntarios, nos dice que no estamos autorizados ni siquiera a hablar con la gente y que será mejor que nos vayamos. Salimos sin entender muy bien qué es lo que sucede, ni el por qué de tantos secretos y prohibiciones en un lugar que en teoría se ocupa de ayudar a los más necesitados.

A la vuelta nos metemos por un callejón para cortar camino y nos perdemos en una enmarañada serie de calles estrechas con casas a punto de caerse, cuervos, mucha basura, vacas, mujeres con sus rostros cubiertos y niños en sus brazos y hombres que charlan mientras toman té en tacitas de barro cocido. No sabemos cuantas cuadras caminamos, intentamos preguntar, pero nadie nos entiende, pasamos por una mezquita, luego damos a una avenida donde otro trolebús destruido avanza a los tumbos y finalmente encontramos el camino al hotel, en realidad al bar del Fairlawn para tomar unas cervezas y descansar un poco.

Bar del Fairlawn Hotel

Bar del Fairlawn Hotel con una Kingfisher

Victoria Memorial

Al día siguiente salimos a pie hacia el Victoria Memorial, que queda a unas veinte cuadras de allí. Fue construido a principios del siglo XX en memoria de la reina Victoria, cuando la India era parte del imperio británico y Calcuta su capital. Este se ubica saliendo hacia la izquierda de la Sudder street,  pasando un enorme parque descuidado. En nuestro camino pasamos por el planetario en donde la gente hace cola para entrar y mas allá se ubica la catedral anglicana de Saint Paul. Después de dar una larga vuelta conseguimos encontrar la puerta de entrada al Victoria, blanco, lujoso, contrasta sobremanera con el lamentable estado de la ciudad.

Victoria Memorial

Catedral anglicana de Saint Paul

De allí regresamos al Mercado Nuevo y vagamos por sus pasillos oscuros, entre vendedores que se desesperan por colocar sus mercaderías. Se va terminando nuestra estadía en Calcuta, pasamos por un local de internet para chequear mails. En Calcuta te piden el pasaporte para registrarte en una ficha policial para poder utilizar internet en los locutorios.No preguntamos si será así en el resto de India también…

Mercado Nuevo, Calcuta, India

Mercado Nuevo, Calcuta, India

Mercado Nuevo, Calcuta, India

Más a la tardecita nos encontramos en el bar del Fairlawn para tomar algo y charlar con los españoles que están haciendo su voluntariado en la fundación de la Madre Teresa. Ellos tienen formación profesional, dos son enfermeros y una es psicóloga. Nos cuentan que no han sido muy edificantes los días que han pasado allí; que los enfermos están sucios, que a veces no tienen sábanas, que solo está permitido un turno de cuatro horas para los voluntarios, el resto del día nadie sabe que pasa allí; que los pacientes reciben drogas excesivas para que estén mas tranquilos, que faltan especialistas de todo tipo; que no se distinguen los enfermos terminales de los que tienen posibilidades de curarse. Algo de esto habíamos leído en la web y no terminábamos de creerlo, pero tras el relato de nuestros amigos españoles, sumado a nuestra propia experiencia, nos empezamos a dar cuenta que las cosas no están nada bien en la fundación. Pobre Madre Teresa…

Se hacen las siete y tomamos un taxi hacia una de las tres estaciones de trenes que tiene Calcuta, a la que vamos se llama Sealdah. Queda a unos veinte minutos de donde estamos y durante el viaje se la repetimos a nuestro chofer hasta el cansancio, no sea cosa que nos vayamos a alguna de las otras. Nos esperan doce horas de viaje hacia Darjeeling, doce horas con la cabeza dando vueltas después de tantas cosas. Nos despedimos de esta Calcuta que ha sido tierra de premios nóbeles, de conquistas, de conflictos religiosos entre hindúes y musulmanes, tierra de pobreza eterna, de la Madre Teresa y de la esperanza inquebrantable.

Estacion de trenes Sealdah de Calcuta, India

Estacion de trenes Sealdah de Calcuta, India

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