Francia Trabajos

Centro Piloto París: Espionaje de la Dictadura en Francia

En el 2004 trabajaba en la productora de televisión y documentales del periodista Román Lejtman desde hacía más de tres años. Era una experiencia rica, de aprendizaje, de adrenalina, de muchas horas de trabajo, diversidad de proyectos y malos sueldos. Entre varias producciones que veniamos realizando para canales de televisión de Argentina y del exterior, produciamos un ciclo para el canal de cable Infinito (luego reemitido en en América como Documenta) que investigaba los principales complots de los últimos años en varios países del globo. En el reparto de los diferentes proyectos tuve la suerte de que me tocara la investigación del Centro Piloto París, una secreta oficina de inteligencia que la dictadura argentina había instalado en el viejo continente. Llevaba años trabajando con archivos de personas secuestradas, torturadas y asesinadas y se había convertido en parte del trabajo evitar que me afectara, aunque sabía que la mayoría de las veces era imposible. Para indicar un inicio, aunque todo había empezado mucho antes, el 24 de marzo de 1976, un golpe militar derrocó a la presidente Isabel Perón y tomó el poder una Junta conformada por los comandantes de las tres Armas:  el general Jorge Rafael Videla del Ejército, el almirante Emilio Eduardo Massera de la Marina y el brigadier Orlando Ramón Agosti de la Aeronáutica. Rápidamente suspendieron toda actividad parlamentaria, política o gremial y se lanzaron a exterminar por todos los medios posibles a lo que ellos llamaban “la subversión”. El plan preveía secuestros, torturas y asesinatos en un esquema diseñado y puesto en práctica por las tropas francesas en Argelia y aprendido por los militares argentinos en la escuela de las Américas dirigida por altos mandos norteamericanos. Así “aparecen” los Desaparecidos, personas que nadie sabe donde están, que desaparecen, que ya no existen según los dichos de los militares. En medio de este plan sistématico de exterminio apoyado por sectores civiles vinculados a los grandes terratenientes, al poder económico y al empresariado, fueron muchas las personas que consiguieron escapar del país e instalarse en diferentes países de América y Europa. Uno de los destinos que recibió mayor cantidad de emigrados fue Francia, en donde los exiliados comenzaron a agruparse y a denunciar los delitos del Proceso Militar. Las acusaciones encendieron una luz roja en la Junta que para contrarrestar esas denuncias y para realizar un trabajo coordinado de inteligencia decidió crear una nueva oficina: El Centro Piloto París.

A medida que avanzábamos en nuestra investigación tras decenas de entrevistas, de preguntas sin respuestas, de visionado de grabaciones, de lecturas de diarios de época y de numerosos libros, comenzábamos a encontrar cada vez mas indicios y testimonios de que el Centro Piloto efectivamente había existido. Pero necesitabamos más pruebas y además saber también con qué objetivo había sido creado y quiénes habían participado. El dato que estabamos esperando finalmente llegó: Dando vueltas por los archivos encontré el decreto 1871 del 30 de junio de 1977 en donde el poder ejecutivo a instancias de la Cancillería, que respondía a Massera, sancionaba la creación del Centro.  Esto era importantísimo primero porque el centro de espionaje tenía caracter institucional y segundo porque ratificaba que era Massera el ideólogo. No eran sólo testimonios y opiniones, teníamos los papeles firmados. Massera era el jefe de la Armada y también el amo y señor de la Esma uno de los más sanguinarios campos de tortura y exterminio del país. Asimismo era el militar con mayores ambiciones políticas y el que intuía que terminada la mayor parte de la represión ilegal habría una salida política y él sería el nuevo presidente que aglutinaría detrás suyo, no solo a las Fuerzas Armadas, sino también al peronismo. Para eso necesitaba construir una imagen pública que lo alejara de las torturas y de los asesinatos. Cuanto más sabíamos del tema, más necesario se hacía viajar a Francia para hablar con argentinos que todavía seguían viviendo allí, con franceses que conocían el tema, recopilar documentos, visitar el Centro piloto y desandar esas calles en las que asesinos como Astiz habían vigilado y perseguido a esos exiliados argentinos.

Luego de frenéticas negociaciones presupuestarías conseguimos subirnos a un avión y llegamos a París una tarde fresca y nublada de otoño, viajé con el camarógrafo Jorge García y la productora general Evangelina Díaz, en esa época hacíamos un buen equipo de trabajo. Nos instalamos en un hotel cerca del barrio latino y pusimos manos a la obra. Los días siguientes serían vertiginosos, entre múltiples entrevistas, filmaciones de las calles de París, caminatas junto al Sena, análisis de fuentes y fugaces visitas a la Torre Eiffel y al Arco del Triunfo mientras avanzamos en nuestras investigaciones. Como nuestro presupuesto era muy bajo, además de toda la investigación sobre el Centro Piloto, también haciamos notas para otros dos documentales que estabamos produciendo: dos biografías para Canal  A de argentina sobre Julio Cortázar y otro sobre Pablo Neruda. Una mañana filmamos la embajada Argentina en París, ubicada en el número 6 de la Rue Cimarrosa y luego nos fuimos hasta la sede de la Casa de la Cultura en el 83 de la avenida Henry Martín, en donde funcionaba la oficina de prensa y difusión cultural, en la práctica el Centro Piloto. Mientras filmabamos recordábamos las tareas que el decreto especificaba: “Que la creación de un sistema de difusión destinado a restituir y mantener una imagen real y positiva de nuestro país en el exterior constituye un imperativo para nuestro gobierno que debe afrontarse con la mayor urgencia” y “Establecer los contactos necesarios con representantes de la prensa local y autoridades oficiales y privadas que coadyuven al objetivo propuesto”. El Centro debía comenzar a contrarrestar lo que la dictadura llamaba “campaña contra la Argentina”. Esto era en realidad, tratar de equilibrar las miles de denuncias que llevaban adelante los diferentes organismos de derechos humanos.  La manera más rápida y efectiva era imponer una campaña de desinformación. Este plan incluía publicar notas periodísticas en diarios y revistas europeas sobre el brutal accionar de la guerrilla en la Argentina; propagar artículos que mostraran a los militares argentinos como garantistas y apegados a la constitución; y la divulgación de informaciones falsas en las redacciones de los medios más importantes. Lo que no decía el decreto es que los marinos más peligrosos de la Armada también se infiltrarían en los grupos de exiliados para vigilarlos y si era necesario eliminarlos. En los días siguientes nos entrevistamos con Alberto Girondo que había estado detenido y torturado en la Esma, con los dirigentes franceses Nuri Albalá, Jean Pierre Lhande y Francois Geze y con el argentino Alberto Carbone, director de France press en esa época. Todos ellos nos fueron contando pedazos de historia que nos permitió seguir armando el rompecabezas.

En septiembre de 1977 llegó a París la primera delegación de marinos, encabezada por el capitán de corbeta José Antonio Perrén, Jefe operativo del grupo de tareas 3.3.2 y uno de los actores protagónicos en las sesiones de tortura de la ESMA. También viajaron el capitán de fragata Eugenio Bilardo y el teniente de navío Enrique Yon. Los principales trabajos de este comando serían espiar, infiltrar y secuestrar a exiliados, montoneros y dirigentes políticos y sindicales que vivían en Europa, además de promover contactos para apuntalar la carrera política del Almirante y afianzar las relaciones con empresarios y traficantes para la compra de armamentos. Una noche regresamos hasta la Rue Martin, zona de casas elegantes y colocamos nuestro trípode en la vereda, la calle estaba silenciosa y la luna brillante. Mientras filmábamos frente al Centro Piloto, por mi cabeza pasaban las imágenes del temible grupo de tareas que había estado operando precisamente allí. En Buenos Aires el temible 3.3.2 estaba integrado por unos 50 militares de la Armada, sus integrantes siempre vestían de civil, andaban en autos Falcon de color verde y también tenían luz verde para hacer lo que quisieran.  En marzo de 1978  asumió en el Centro Piloto otro de los mas feroces torturadores de la ESMA, el teniente de navío Antonio Pernías junto a él viajó el capitán de fragata Alfredo Astiz, el Angel de la Muerte el asesino de las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon, entre otros crímenes. Su misión fue infiltrarse en el Comité Argentino de Informaciones y Solidaridad (CAIS) objetivo que logró a fuerza de ganarse la confianza de los exiliados allí reunidos. Pero gracias a que una joven que había estado detenida en la Esma lo reconoció en una marcha y lo denunció, pudo ser neutralizado aunque consiguió escapar. El testimonio del fotografo Carlos Saldi, testigo del hecho estremece. Mientras tanto Massera viajaba a Europa, visitaba el Centro Piloto, se reunía con políticos y según varias fuentes pactaba con alto mandos montoneros una especie de alto el fuego teñido de verdes dólares durante el Mundial de fútbol que se llevaría a cabo en la Argentina. Poco tiempo después el 15 de septiembre de 1978 Massera se bajaba de la Junta de gobierno para dedicarse de lleno a la política. Tiempo después la derrota en la guerra de Malvinas precipitó la caída del gobierno militar que se vio obligado a llamar a elecciones. El 16 de enero de 1983 Massera presentó su candidatura a presidente, pero sus sueños se esfumaron cuando a finales de junio fue detenido por su presunta participación en el crimen del empresario Fernando Branca. Días antes del regreso de la democracia y de que los militares entregaran el Poder, el 23 de septiembre de 1983, el general Bignone a cargo del ejecutivo, firmó el decreto 2363 derogando el decreto 1871 con el cual se había creado el Centro Piloto París. Finalmente, la oficina de espionaje argentina en Francia desaparecía como había nacido, en medio de la oscuridad y el misterio.

¿Ya conocés nuestros libros? "Por el Mundo Juntos a la Par. La vuelta al globo en 80 crónicas" comprende historias de nuestros viajes por Sudamérica, Centroamérica, América del Norte, Europa, Sudeste Asiático, India y Nepal. Es una producción independiente y con tu compra nos ayudás a seguir viajando.

Comprar acá $280  

“ASIA. Crónicas del Lejano Oriente” es nuestro segundo libro de crónicas de viaje. 54 en un recorrido apasionante por Hong Kong, China, Filipinas, Myanmar, Camboya, Vietnam, Malasia, Tailandia, Japón, Corea del Sur, India y Nepal. Volamos por primera vez a Asia a fines de 2011 y quedamos fascinados con su diversidad, sabores, colores e historias. Regresamos dos veces más, en 2013 y 2014 y en total vivimos diez meses en el “Lejano Oriente”.

Comprar acá $300

Promo 2 libros juntos $530 escribinos a periodistasviajeros@gmail.com

Dejar un comentario

1 Comentario