El bus serpentea entre la bruma por la ruta pegada a la bahía de Algeciras y me viene a la memoria como un recuerdo lejano la Operación Algeciras, misión secreta organizada por militares argentinos y montoneros (créase o no) en medio de la guerra de Malvinas. El operativo que finalmente fracasó buscaba hacer estallar barcos ingleses estacionados en la base de Gibraltar para intentar equilibrar una guerra que estaba perdida de antemano. En la última curva, yo perdido en mis elucubraciones y Caro durmiendo, nos sorprendemos con el mentado peñón, enorme, soberbio, a sus pies se desliza una lengua de tierra en donde se ven edificios, luego astilleros y barcos.

Peñón de gibraltar

No teníamos pensado pasar por el peñón de Gibraltar, pero cuando nuestra amiga Victoria, una catalana de ley nos invitó a la casa que comparte con su novio Salvador en Cádiz y nos aconsejó que lo visitáramos, nos dieron muchas ganas, además de intriga y porque no, cierto morbo. Así que una mañana bastante nublada y ventosa  nos tomamos en la estación de Cádiz el bus hacia la Línea de la Concepción, la última ciudad española pegadita al peñón. Casi tres horas después descendimos en una pequeña estación que tiene varios edificios de aspecto decrépito alrededor.  Salimos de allí y caminamos hacia la enorme masa de piedra “la roca” que se alza enfrente nuestro. A nuestra derecha el mar plagado de buques de carga (y algunos de guerra) y más allá flameando una bandera española y casi en perspectiva, pero más adelante una inglesa. Andamos unos 200 metros siguiendo a la gente hasta un puesto en donde un oficial español mira nuestros pasaportes con poco interés y nos señala que pasemos.

Peñón de gibraltar

Peñón de gibraltar

Peñón de gibraltar

Ya en lado inglés suena una sirena y los policías comienzan a bajar rápidamente unas barreras. Esperamos unos minutos en donde vemos con asombro como un avión carretea por el medio de la avenida para despegar en el mar.  Luego todo vuelve a la normalidad y seguimos nuestro camino. Es el aeropuerto internacional de Gibraltar. Un cartel indica con una flecha el centro de la ciudad y hacia allí nos dirigimos, los policías visten a la inglesa, pero se los escucha hablar un muy divertido espanglish con inimitable toque andaluz al que se lo llama “llanito”.

Aeropuerto de Gibraltar

Aeropuerto de Gibraltar

Aeropuerto de Gibraltar

Aeropuerto de Gibraltar

Cada tanto se nos acercan vendedores de tours y aparecen puestos de venta de tickets para el teleférico que escala hasta la cima del peñón y llega hasta la reserva natural de monos que se ubica allí. Cuenta la leyenda que Churchill estaba convencido que el día que no hubiera monos en Gibraltar, tampoco habría británicos allí, así que durante la segunda guerra mundial, hizo traer unos cuantos de África. El precio de las entradas es exorbitante para nuestros escasos bolsillos argentos aunque también nos cuentan que lo es para los maltratados bolsillos de la mayor parte de Europa: 25, 90 euros cada uno. Seguimos por un callejón en donde se ve la parte de atrás de los restaurantes que se ubican en la Casemates square, la plaza principal y allí varios monos sueltos esperan su momento de alzarse con algo de comida. En la plaza se disponen restaurantes de fish and chips, la comida tradicional inglesa y también de comida internacional.

Craddle of History

Monos en Gibraltar

Plaza Central

Fish and chips

Souvenirs

Seguimos por la avenida principal llamada Main street que es peatonal y está plagada de turistas, sobretodo de contingentes de jubilados. Allí hay negocios de marcas internacionales y muchos de venta de bebidas alcohólicas a buen precio porque Gibraltar tiene ventajosas excepciones impositivas. Todo se puede pagar en libras o euros, estos últimos a un cambio bastante malo. Además hay montones de casas de souvenirs con monos de peluche y remeras con la foto de la reina Victoria o de Yo amo Gibraltar. Podemos entender que las personas que viven allí amen su tierra. Pero el resto.. ¿Quién se puede querer comprar una de estas remeras?

Souvenirs

Duty Free

Los españoles perdieron el peñón de Gibraltar a manos de los ingleses en 1704  durante su larga guerra de Sucesión en donde fueron varias las casas reales que intervinieron en el conflicto. La pérdida del peñón  fue ratificada con la firma  del Tratado de Utrecht en 1713 y nunca más volvió a manos ibéricas. Si bien los españoles jamás se han acostumbrado a la pérdida de Gibraltar,  todo lo hecho para recuperarla ha sido infructuoso. Nos es fácil con los ingleses, de sobra lo sabemos los argentinos que perdimos nuestras islas Malvinas poco más de cien años después en 1832.  Seguimos caminando entre la gente, algunos bares y edificios públicos,  una particularidad aquí es que los autos a diferencia del resto de los países en donde los británicos han dejado su huella, tienen el volante del lado izquierdo.  El último punto de Gibraltar es el faro y hacia allí nos dirigimos. Son unos cinco kilómetros pero queremos conocer a fondo este enigmático pedazo de tierra. Pasamos por la Catedral de Santa María la Coronada y luego vamos por la costanera en donde se pueden ver numerosos astilleros y barcos de guerra ingleses, antiguos bastiones de defensa y hasta una piscina pública con niños bañándose y sus madres tomando sol.

Mezquita en Gibraltar

En Gibraltar viven 30 mil personas, sumadas a los varios millones turistas que la visitan cada año, todo en siete kilómetros cuadrados. Cruzamos dos túneles excavados en la roca, pasamos junto a una mezquita enfrentada en diagonal con una pequeña iglesia y nos apostamos en el mirador,  junto al faro Trinity de 49 metros de altura. El Mediterráneo está turbulento y del otro lado en la costa africana se puede ver claramente Ceuta, la colonia española en territorio marroquí.  Les duele Gibraltar a los españoles y quizás no les duela tanto sus propias colonias Ceuta y Melilla. Raro el ser humano.

Faro de Gibraltar

Allí mismo y con el viento que lo vuela todo volvemos a preguntarnos por las Malvinas y si también se estarán convirtiendo o ya se habrán convertido en este circo de turistas despreocupados que no piensan en nada; quizás en un paraíso fiscal; en un puerto libre de impuestos o en una reserva natural de monos o cualquier otro animal que respalde la presencia británica aunque sea en base a leyendas que parecen  casi una burla. De lo que no tenemos dudas es que las Malvinas se han convertido, al igual que Gibraltar, en la sede de una base militar de demoledor poderío.  Allí los ingleses han instalado una de las bases militares más grandes del mundo y la segunda de toda Latinoamérica. Seguimos mirando el horizonte, ahora volamos en el tiempo imaginando esta zona hace miles de años, zona en donde según la mitología griega se ubicaban las míticas columnas de Hércules que marcaban el límite del mundo,  por lo menos del conocido por los europeos, la última frontera para los navegantes del Mediterráneo, el Non Terrae Plus Ultra, en donde no existe Tierra más allá. Colón y otros demostrarían lo contrario, pero eso ya es otra historia.

Para la vuelta nos tomamos un bus, ya caminamos bastante por hoy,  en la radio suena un tema de los Beatles y por esas cosas de la memoria recordamos que John Lennon se casó con Yoko Ono en estas tierras. Como tarea para el hogar tenemos que investigar por qué lo hicieron. No se nos ocurre una razón suficientemente buena. El bus comienza el descenso y a los pocos metros se pueden ver los edificios del sector financiero, más allá el cementerio de Trafalgar y la estatua del almirante Nelson. Al bajar, desandamos el camino, esta vez las barreras están abiertas y sin aviones a la vista, ya del lado español, sigue sonando raro esto, nos sentamos a tomar unas cervezas  mientras esperamos que se haga la hora de salida a Cádiz. Mientras el peñón con su comunidad de monos nos mira impertérrito.

Gibraltar desde España

Gibraltar desde España

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8 Comentarios

  • Entretenido artículo. Yo he estado dos veces en Gibraltar y la verdad es que es un mundo extraño, pero interesante. Es muy gracioso el inglés gibraltareño, los llanitos son andaluces puros y duros que se sienten británicos, nada más. Casi no hay diferencia con los españoles, y se desprecian mutuamente. La comparación trasnochada con las Malvinas estuvo un poco de más, pues -sin defender a los ingleses- son circunstancias históricas diferentes. Las islas del Caribe son en su mayoría colonias aunque se niegue: francesas, inglesas, holandesas, etc. Le da un toque cultural sabroso toda esa mezcla. En cuanto a Ceuta y Melilla, la respuesta es simple: son ciudades de más de 500 años, fundadas cuando aún no existía Marruecos como tal. Saludos!

  • Me ha gustado mucho la entrada. He estado dos veces en Gibraltar, la última hace menos de una semana, y la verdad es que me parece un lugar muy interesante y en el que las dos veces me he sentido muy bien acogido. Quizás el truco esté en dejar los prejuicios en la frontera y aceptar que los llanitos ni son españoles, ni quieren serlo y así será para siempre.

    Una puntualización: Ceuta y Melilla no son colonias, son territorio español. Gibraltar tampoco es una colonia, aunque a diferencia de Ceuta y Melilla no forma parte del Reino Unido, sino que es lo que ellos llaman un “territorio británico de ultramar”. Pero no es una colonia ya que, salvo en asuntos exteriores y soberanía, es totalmente autónomo.

    Es verdad que Marruecos no existía cuando Ceuta y Melilla se hicieron españolas, pero también es cierto que la España actual tampoco existía cuando los ingleses se quedaron con Gibraltar. En cualquier caso, creo que cada territorio es libre de decidir con quién quiere estar, y los llanitos, al igual que ceutíes y melillenses, lo tienen muy clarito.