Escalamos temprano la escalera mecánica de la estación de Kyoto, moderna y repleta de negocios como todas las de Japón. Nos subimos al JR Shinkansen, el tren bala vía Osaka para continuar camino a Hiroshima. El día por suerte está soleado, después de tanta lluvia. Tenemos solo una hora y media de viaje, que nos hace perder la noción de las distancias, ya que Hiroshima se ubica a casi 350 kilómetros. Pero en el Tren Bala es así. Sentados en nuestros cómodos asientos mientras pasa una vendedora de impecable aspecto, pensamos en cual es la razón por la que vamos a Hiroshima. ¿Qué esperamos ver? ¿Qué vamos a sentir? ¿Qué sabemos de esa tragedia que fue la utilización contra la población civil de la primera bomba atómica? El año que viene se cumplirán setenta años, pero todo sigue estando muy presente en la ciudad y en el mundo. En la actualidad las potencias militares guardan con celo sus miles de bombas atómicas y se preocupan de que el resto de los países no las obtengan.

Hiroshima, Japón

A la salida de la estación nos subimos a un bus, gratuito si tenés Japan Rail Pass activo, que espera en la puerta de la estación de Hiroshima y te lleva a recorrer la ciudad. Nos dirigimos hacia el Domo y el parque de La Paz, centro de la explosión. La ciudad luce tranquila y próspera, con grandes edificios, shoppings, restaurantes, carteles de neón, hombres trajeados y mujeres con paraguas para protegerse del sol, además de tranvías y autos último modelo. Pasan unos pocos minutos cuando nos paramos frente al Domo, conocido también como Cúpula de Genbaku. A su lado discurre lentamente uno de los brazos del río Otagawa y mas allá también el Motoyasugawa. Es el símbolo más representativo de Hisroshima. El edificio construido en 1915 para la Exposición Comercial de la prefectura de la ciudad, fue una de las pocas estructuras que quedó en pie tras la bomba. Todo fue arrasado, menos él, como si la historia necesitara dejar siempre algún testigo. En el alambrado que lo protege se pueden ver algunas fotos del antes y el después, en un minuto hay una ciudad y al siguiente solo humo, escombros, gritos y muerte.

Hiroshima, Japón

Hiroshima, Japón

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Lo mas impresionante es que el epicentro de la bomba fue a tan solo 150 metros de allí con macabra exactitud, contra un hospital. Actualmente otro hospital ocupa el lugar. 140 mil personas murieron de un plumazo tras la caída de la bomba, otros tantas fueron muriendo los días siguientes por los efectos de la radiación. La bomba atómica emitió tres clases de ondas: una explosiva, una térmica y otra radioactiva. Los pocos que se salvaron de la explosión, no se salvaron del tremendo calor y los que se salvaron de las dos primeras, al poco tiempo empezaron a experimentar las enfermedades por el efecto radiactivo.

Hiroshima, Japón

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De allí caminamos hacia el Parque de la Paz,  junto a miles de niños que pasean en viaje escolar por los parques bordeados por los dos ríos. Allí se han levantado montones de monumentos con dedicaciones especiales. Lo primero que nos llama la atención es el Monumento a la Paz de los Niños que conmemora a todos los niños muertos por la bomba atómica. Su construcción se decidió luego de la triste muerte por leucemia por la radiación de Sadako Sasaki a los 10 años, 8 años después del horror. Actualmente los niños de las escuelas de todo Japón son llevados a jurar por la paz frente al monumento y llevan grullas de papel y carteles alusivos. Otros monumentos son el Túmulo Conmemorativo, con las cenizas de 70 mil víctimas no identificadas y el Cenotafio de las Víctimas Coreanas, en homenaje a los cerca de 20 mil coreanos muertos con la bomba. Este último es bastante cínico porque los japoneses habían invadido Corea en 1910, la habían convertido en su colonia y la mayoría de los coreanos que vivían en Japón habían sido llevados contra su voluntad y trabajaban en las peores condiciones.

Hiroshima, Japón

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Nos sentamos a la sombra en un banco mientras vemos pasar a miles de alumnos japoneses que sonríen, se sacan fotos, pasean. Nos preguntamos que les enseñarán en la escuela sobre la Segunda Guerra Mundial, ¿les contarán la verdad? ¿Japón fue una víctima, un victimario o ambas cosas? Japón fue además de aliado de la Alemania de Hitler (junto con Italia formaron el Eje),  su equivalente en Asia. En su política expansionista invadió la Manchuria china con miles de muertos, también invadió Filipinas reduciendo a escombros Manila y otra ciudades, Singapur, Birmania, Indonesia, Hong Kong, Malasia y hasta la neutral Tailandia que se rindió sin pelear para que no destruyeran el país y en donde se instaló uno de los campos de concentración más grandes de Asia. Allí con prisioneros de guerra y mano de obra esclava iniciaron la construcción del puente sobre el río Kwai que se llevó mas de cien mil hombres. Con el ataque japones a Pearl Harbor sin declaración de guerra y con miles de muertos, el presidente Roosvelt apoyado por la opinión pública, se decidió a entrar en la gran guerra.

Hiroshima, Japón

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Nos dirigimos hacia otra parte del parque de la Paz en donde la Llama de la Paz flamea y aseguran que permanecerá encendida hasta que no existan mas armas nucleares. Así que suponemos que estará un buen rato encendida todavía. Al final se encuentra el Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, con información y fotos panorámicas de la ciudad arrasada tras el impacto. No es muy extenso el paseo pero da para reflexionar sobre la locura de los hombres y su manía de tratarse y de matarse de las peores maneras imaginables.

Hiroshima, Japón

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A principios del 45’ el presidente Roosevelt había muerto de una hemorragia cerebral y su vicepresidente Harry Truman lo había sucedido en el gobierno. Estados Unidos con su poderoso complejo militar-industrial sabía que podía ganar la guerra pero además quería vengarse de los japoneses, no solo por el ataque a Pearl Harbor sino también como un aviso a todo el mundo de que no había que meterse con ellos.

El 26 de julio de 1945 la bomba atómica se embarcaba en el crucero Indianapolis con destino a la isla de Tinian en el Pacífico.  Al mismo tiempo el emperador Hiroito principal responsable del imperialismo japonés había recibido la orden de los Aliados de que se rindiera. Pero él se consideraba un dios en la tierra y no estaba dispuesto a hacerlo. Las fuerzas japonesas estaban agotadas y la derrota estaba cerca, pero los códigos de honor samurais de volver victoriosos o no regresar hacían que siguieran luchando sin cuartel con sus miles de soldados suicidas.

Narra el periodista español Manuel Leguineche en su buen libro “Recordad Pearl Harbor” que en la mañana del 6 de agosto tres aviones salieron con sus bombas atómicas cargadas, uno se dirigía a Kokura, otro a Hiroshima y el tercero a Nagasaki. Las bondades del tiempo condenarían a una de las ciudades y salvaría a las otras.  Impresionante, que la suerte de miles de personas dependiera de si estaba nublado o no el cielo. Un B29 apodado Enola Gay era el avión que transportaba la bomba atómica que también tenía su apodo Little boy. Mucho apodo para algo tan serio. Era de uranio de tres metros de longitud, setenta centímetros de diámetro y cuatro toneladas de peso. La habían construido los científicos del llamado proyecto Manhattan, operación ultrasecreta, en laboratorios escondidos en el desierto de Nuevo México. Cuando la cúpula norteamericana decidió que la bomba atómica contra Japón era un hecho inevitable, muchas voces propusieron que fuera arrojada en un lugar despoblado quizás en una isla, quizás en las inmediaciones del monte Fuji, esa demostración por si sola los haría rendirse. Pero esa postura no prosperó, vencieron los que querían comprobar el poder de la bomba y ver cuanta gente podía eliminar.

A las siete y nueve minutos comenzaron a sonar las alarmas en Hiroshima. El día estaba claro y en el cielo solo vieron un avión que pasó rápidamente, alejado el peligro siguieron su vida como hasta entonces. Sin saber que ese avión era meteorológico…y que en esos momentos estaba transmitiendo al Enola Gay que la ciudad tenía un clima propicio para el ataque.

La bomba, equivalente a 20 mil toneladas de TNT cayó en el Hospital a 150 metros del Domo para formar el hongo que llegó a los cuatro mil grados centígrados y se expandió por seis kilómetros de radio, más allá la onda expansiva. Luego la Lluvia Negra. ¿Por que Hiroshima? Porque era una ciudad que no había sufrido grandes destrozos ni bombardeos y entonces se podía ver el verdadero poder de la bomba.

Hiroito y los generales japoneses seguían sin rendirse y tres días después de Little boy, Estados Unidos lanzaba la bomba Fatman de plutonio sobre Nagasaki. En este caso también estaban testeando el poder del plutonio en comparación con el uranio. Kokura se salvó por su mal tiempo. En Nagasaki murieron más de 35 mil personas. El lanzamiento de una bomba atómica contra ciudades repletas de civiles cambió el mundo para siempre. Las verdaderas razones se encuentran aún hoy en un laberinto de mentiras y medias verdades que es difícil de resolver.  El presidente Truman aseguró que el uso de la bomba salvó a millones de soldados norteamericanos y aliados. Puede ser verdad, pero a costa de cientos de miles de personas que sufrieron una muerte horrenda. No quedan dudas que al arrojar la bomba Atómica los norteamericanos se convirtieron en lo mismo que acusaban a los japoneses. Si la guerra estaba ganada en el Pacífico, ¿para qué arrojar las bombas? Varios expertos aseguran que por tres razones: para vengarse definitivamente de los japoneses; demostrarle a la Unión Soviética de Stalin el poder norteamericano; y conocer si los miles de millones de dólares gastados en las bombas valían lo pagado.

El 15 de agosto el emperador Hiroito habló por la radio y anunció la rendición de Japón, al mensaje lo siguieron decenas de suicidios. Con el lanzamiento de la bomba atómica, el mundo entraba en la era nuclear y lo peor de todo en la del terror nuclear. Con el final de la Segunda Guerra Mundial, se abría un nuevo capitulo de confrontaciones mundiales entre las dos potencias emergentes y victoriosas:  Estados Unidos y la Unión Soviética. Se iniciaba la Guerra Fría.

Mientras esperamos el bus para volver de nuevo a la estación para seguir nuestro camino, oímos el ruido del río, de los autos, de la risa de los chicos, parece mentira o cosa de película, ahora hay tanta vida, tanta actividad, pero hace casi setenta años Hiroshima volaba literalmente por los aires.

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