Febrero 2013

Salimos de Phnom Penh hacia Sihanoukville en uno de los destartalados buses de Capital Tours. En Camboya no hay demasiadas empresas de transporte para elegir y en general no son demasiado buenas (los pasajes nos salieron 6 dólares cada uno). A medida que nos alejamos de la capital la ruta empeora y se puede ver bastante pobreza y polvo, mucho polvo. Mientras avanzamos por el camino sigue subiendo gente al bus, que ya está lleno, y se van sentando en improvisadas sillas de plástico en medio del pasillo. Unos kilómetros antes de llegar la ruta mejora y conseguimos tomar velocidad, entre camiones cargados de madera y el chofer que hace un culto del tocar la bocina todo el tiempo. El viaje dura cuatro horas y antes de bajar, una pareja de un inglés con una camboyana nos aconseja que no paguemos más de U$3,5 por el tuk tuk, ya que Serendipity beach, la playa a donde vamos, no queda demasiado lejos del centro de la ciudad. Eso hacemos y en unos cuantos minutos pasamos el monumento de los Leones Dorados y tomamos la calle principal que se clava directamente en la arena. En ella se agrupan guest houses, bares, restaurantes y algún que otro hotel un poco más costoso.

Ya se hizo de noche y además es fin de semana largo en todo el país (Se están repatriando las cenizas del rey Sihanouk) así que los precios están un poco más caros de los común. Conseguimos un hostel a unos pocos pasos de la playa por 20 dólares el cuarto con ventilador, wifi, tv y baño privado. Al día siguiente nos cambiaremos a uno similar que queda a unos pocos metros por 14 dólares el cuarto. Tras dejar las valijas en la habitación, vamos corriendo hacia la playa, siempre nos pone felices ver el mar y poder pisar la arena fresca. Y justamente la arena está sembrada de mesitas iluminadas con botellones de plástico con velitas.

Una larga fila de bares y restaurante se desliza sobre la playa de Serendipity llegando hasta la playa de Occheuteal en donde los precios son todavía más económicos. Felices nos acomodamos en unas muy cómodas sillas sobre la arena a pasitos del mar y cenamos unas vieiras asadas con ajo, cebolla y un picantito secreto, mezcla de pimientos rojos y verdes, sal, pimienta negra y algo más que no podemos detectar. Muy ricas. El plato fuerte llega después, es un Red Snapper a la parrilla acompañado con papas todo por 3 dólares. La cerveza de barril cuesta U$ 0,75 el chopp y los jugos a 1 dólar y medio. A nuestro alrededor familias camboyanas cenan numerosas, toman whisky y cerveza, asan su comida en pequeñas parrillas que alquilan allí mismo, ríen con sus niños. Por la playa pasan los vendedores incansables, a esta hora son fuegos artificiales lo que ofrecen, así que cada tanto se ven luces de colores en el cielo y se escuchan explosiones.

Almorzando langosta, Sihanoukville, Camboya

Al día siguiente aprovechamos la playa todo el día, comprando una bebida, las reposeras y las sombrillas son sin costo y además para los apasionados por la tecnología prácticamente todos los locales tienen wi fi. El mar que es bien templado y tranquilo es casi casi una encantadora piscina propia. Compramos langosta a una de las vendedoras que caminan la playa todo el día y almorzamos esa delicia con pimienta blanca y limón. Son pequeñas y carnosas, once por 8 dólares.

Tanto chicos como adultos disfrutan del mar y del día en familia. Los locales son mayoría, pocos turistas llegan atraídos por las playas de Camboya, el destino playero tiene a Tailandia a la cabeza.

Al atardecer el sol cae detrás del mar y los niños camboyanos que andan vendiendo se sientan al lado de los viajeros a jugar y apropiarse por un rato de sus compus, tabletas o teléfonos. Les encantan los videogames y la música. El video del Gangam Style hace furor entre los más chiquitos. Conocen de computación, pero no tienen computadoras en sus casas, así que aprovechan, nadie les dice que no, imposible negarse, son increíblemente simpáticos y solo quieren jugar un rato. Se lo merecen, ojalá algún día los niños de Camboya puedan dedicarse a jugar y no tener que trabajar todo el día.

Después de algunos días de disfrutar del lugar nos damos cuenta que el nombre le cae como anillo al dedo. Serendipity quiere decir “descubrimiento inesperado”. Y así fue para nosotros. Un descubrimiento inesperado y sumamente placentero.

Pero la joya de esta playa sin lugar a dudas es la isla de Koh Rong Samloem a dos horas en barco desde el puerto de Victory beach, a unos minutos de Serendipity. Tiene todo lo que uno puede esperar de un paraíso, el agua es celeste turquesa, la arena es blanca y finita, hay manglares para recorrer adentrándose en la isla, peces de todos los colores para ver haciendo snorkeling y unos pocas carpas o bungalows a U$20 para pasar allí la noche, además de una pequeña despensa a unos pasos. No hay luz eléctrica y hay que reservar el alojamiento desde Sihanoukville además de combinar con los barcos que hacen excursiones por el día para que los tengan o no en cuenta para el regreso.

Nosotros tomamos la excursión de U$25 cada uno, con desayuno y almuerzo incluidos en un barco estilo antiguo de tres pisos y una tripulación con muy buena onda. Nos pasaron a buscar a las 9.15 de la mañana para llevarnos hasta el puerto en Victory Beach donde 45 minutos después partimos hacia la aventura. La primera parte consta de dos horas de navegación mientras se desayuna. Paramos en un punto de snorkel con algo de corriente y buena cantidad de peces.

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Al llegar a la costa de Koh Rong Samloen disfrutamos de un rico almuerzo y nos lanzamos a recorrer la playa bien blanca. Allí nos ofrecían ir a hacer un trekking por el centro de la isla pasando por selva y manglares y por supuesto nos sumamos a transpirar un poco para luego hacer la plancha en ese mar espectacular y descansar en la playa todita para nosotros. A la vuelta al son de la música se abren divertidas competencias en donde el premio es una lata de cerveza o la competencia en si misma consiste en tomarse una cerveza, pero para darle un toque camboyano, a través del tubo del snorkel.

Pasamos un día bárbaro que lo terminamos hundiendo los pies en la arena de Serendipity, con la noche estrellada y un buen pescado asándose para nosotros.

 

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2 Comentarios

  • Qué lindo! Y si o si hay que ir con tour? Sabes si hay algún bote o ferry que vaya directo y que pueda tomarlo cuando quiera regresar? Porque no se cuantos dias me quiero quedar. Gracias

    • Hola Brenda, gracias por escribirnos! Hay que tener en cuenta que las dos islas más visitadas de la zona son Koh Rong Samloem (la que visitamos nosotros) y Koh Rong. La segunda tiene mayor variedad de alojamientos barato. Se pueden quedar el tiempo que quieran, pero tengan en cuenta que el alojamiento no es muy numeroso, sobretodo en Samloem.
      El servicio regular lento tarda aprox 2 ½ hs y en temporada alta cuesta U$ 20 ida y vuelta, con la vuelta con fecha abierta.
      El barco de la mañana incluye desayuno, almuerzo y parada en Koh Rong Sanloem para hacer snorkel.
      El barco de la tarde también cuesta U$ 20, pero no incluye comidas.
      También hay un servicio rápido que tarda 1 hora y cuesta U$ 30 ida y vuelta.
      Cuando fuimos nosotros hace tres años, existían botes de los locales a Koh Rong, a buen precio, suponemos que siguen haciendo el trayecto. Aprox U$ 5 por tramo y persona, a negociar..