Varieté temático

No tengo cábalas: crónica de mi final del mundo

No tengo cábalas - Final del mundial - Argentina Campeón
No tengo cábalas - Final del mundial - Argentina Campeón

No tengo cábalas. No creo que por sentarme a la derecha del televisor, usar el mismo calzoncillo, invitar a la misma gente, llevar una estampita de la virgen María o repetir el ritual del lavado de dientes de izquierda a derecha, mi equipo vaya a ganar.

No tengo cábalas.

Domingo 18 de diciembre de 2022. Argentina juega la final del mundo contra Francia y todavía no sé dónde voy a ver el partido.

Octavos, cuartos y semifinal, los vi solo. Más solo que la una, como dicen los españoles. 

Estando solo se puede pensar, analizar el partido, emocionarse, putear; sin que nadie te censure, sin interrupciones. No hay que escuchar comentarios bobos como asegura Messi, tampoco preguntas sonsas de la gente que no es de ver fútbol. Podés dejar que tus sentimientos fluyan sin vergüenza: alegría, tensión, tristeza, indignación, euforia. Todo eso provoca el fútbol en unos pocos minutos. Por eso es el mejor deporte del mundo. No existen la justicia ni los merecimientos dentro del campo. Se puede jugar bien todo el partido y terminar perdiendo. Se puede jugar horrible y terminar ganando.

Toda la semana me insistió Caro con ver el partido en familia y recién este domingo a la mañana, a menos de dos horas de que empiece la final, decido que no quiero verlo solo. Quiero ser parte de la historia, quiero abrazarme con todo el mundo cuando demos la vuelta olímpica, llorar si hay que llorar, gritar con los ojos rojos, brindar acompañado en este diciembre caluroso. 

Y además, me repito, no tengo cábalas. No me puse nunca la misma ropa, no realicé ningún ritual, no comí ni bebí lo mismo. No me ví con la misma gente. El partido contra Países Bajos fue un mar de cerveza, contra Croacia un té detrás de otro, sin importar el aire caliente que entraba por la ventana. Alguien contó en Twitter que su gato pasó frente al televisor para “hacer errar” el penal a Messi contra Polonia. El desventurado minino quedó encerrado en la cocina por el resto del mundial. 

¡Qué placer da la libertad de no creer en nada! Vivo tan despreocupado que cambio el lugar sin que se me mueva un pelo.

En la calle parece la mañana de Nochebuena, compras apuradas, filas en panaderías, carnicerías y supermercados, miradas recelosas, embotellamientos, hay angustia y esperanza. Todo el mundo tiene que llegar rápido a su destino, saben que son parte de algo mucho más grande, un universo que se puede romper en cuanto no se cumpla con el ritual. En cambio, yo ando feliz de la vida, sin cábalas, voy buscando calles con poco tráfico camino a lo de mis suegros, mientras escucho música en la radio.

Dios, Alá, Yahvé, Buda, el destino, Zeus, Isis o Thor, no se preocupen por un partido de fútbol, pongan atención en lo que pasa en la guerra en Ucrania, en las zonas más castigadas de América, en los que escapan del hambre y las bombas en Siria. Ocúpense de estos problemas, que del fútbol se ocupa Messi. 

La picada está en la mesa, las cervezas en el freezer y las empanadas viniendo. Nada puede salir mal.

La picada del campeón
La picada del campeón

El partido es soñado para Argentina. Un ballet, una sincronización estética que llena el alma. De Enzo para De Paul, para Alexis, las gambetas del Fideo, la velocidad de Julián, la fiereza de Otamendi; y Leo, que todo lo que toca lo convierte en magia. Pero a partir del minuto 75 algo empieza a fallar, no quiero echarle la culpa al bebé que acaba de despertarse y con él empezó la mala racha. Tampoco al que se cambió de lugar. ¿Por qué lo hizo? Ni a la que va al baño cada cinco minutos. No tengo cábalas me repito como un mantra. El televisor se apaga solo. Una vez, dos veces, tres, cuatro. –Es el abuelo desde el cielo –dice una de las hermanas. –Es el vecino de enfrente que nos quiere joder, asegura uno de los cuñados. –Debe ser cosa de mandinga, – especula el suegro. ¿Será la brujería o la tecnología? Será de Dios…

Gol de Messi de penal – Final del Mundo 2022

Era un partido ganado, pero que termina en empate y vamos al suplementario. De alguien tiene que ser la culpa de toda esta desgracia. Ni pensar en culpar a los jugadores o al DT, esto es algo mucho grande y ajeno a ellos.

¿Cómo funcionará el tema de las cábalas? ¿Será por porcentaje? Por ejemplo, ¿si el 51 por ciento de los que estamos viendo el partido, cumplimos con nuestro ritual ganamos, pero si el porcentaje es menor, perdemos? ¿En Francia cómo estarán contrarrestando nuestros conjuros? ¿Se cuentan los sortilegios de hinchas de Argentina no argentinos como los de Bangladesh o India? ¿Y si ellos tampoco están cumpliendo con todas las cábalas? ¿Nos benefician o perjudican? Son millones para sumar buena onda, pero también demasiados para repartir la buena suerte.

El fierrazo de Lautaro, la tapada de Lloris y Messi, siempre Leo para empujarla nos funde en un abrazo eterno. Pero, lo eterno se convierte en efímero cuando el inoportuno de Mbappé nos pega un ubicáte y nos trae de vuelta a la realidad.

Ese 3 a 3 es un golpe al corazón. Faltaba tan poco… Veo las caras a mi alrededor y siento que tengo que hacer algo. El silencio en los balcones es sepulcral, no suenan las cornetas, los gritos son sólo susurros nerviosos, ni las banderas flamean. El tiempo parece detenido. Como si alguien hubiese apretado un botón y todos quedamos petrificados en la misma posición. Veo el miedo, la desdicha, el pánico por un triunfo que parecía asegurado y ahora no. Nuestros corazones no soportan otra frustración más. ¡Vamos muchachos!

¿Qué puedo hacer? Nada. Ya es tarde para rezar. No creo en duendes, hadas, dioses ni cábalas. Solo creo en la energía. Pero después de 120 minutos ya casi que no queda. 

Y en eso, a centímetros de mi pie veo un gatopardo de juguete, muy pequeño, se puede perder en la palma de la mano. ¿Entre tantos animales por qué éste? En un segundo como si fuera una secuencia de Destino final, pienso en la novela que estoy leyendo sobre Sicilia llamada El gatopardo, en la serie de televisión White lotus donde en su presentación aparece un gatopardo y en un programa de cocina que de casualidad vi el otro día en el Gourmet, llamado, ¿cómo no? Gatopardo. No puede ser casualidad. ¿O sí? 

De la cantidad de juguetes que hay desperdigados por toda la casa, ¿cuál es la probabilidad de que este gatopardo me eligiera a mí? No tengo cábalas me repito, pero cada vez más inseguro. Empiezo a flaquear. En las trincheras no hay ateos, reza el dicho. Dudando de todo, a esta altura me empiezo a quedar sin principios.

Lo agarro, sin que nadie me vea. Lo mantengo escondido en el puño cuando veo, sin poder creerlo, cómo el Dibu hace la atajada del mundial. Es un mano a mano electrizante, en el tercer minuto de descuento, que si no nos mató de un infarto, faltó poco. La tapada con el pie es todo, es el aire debajo del agua, es la cerveza helada en el desierto de Qatar, es el primer premio de la lotería. En un segundo nos quedábamos sin nada. Pero tengo a mi gatopardo. 

No tengo cábalas - Final del mundial - Argentina Campeón
No tengo cábalas – Final del mundial – Argentina Campeón

Y a los penales. Más sufrimiento. ¿Por qué tenemos que padecer tanto? Quisiera tener un 5 de copas a mano que me dé fe.

Me indigno por mi claudicación, por transar con el destino, por renunciar a mi libre albedrío y tener una cábala. Faltaba tan poco para irme invicto de esta Copa. Pero no lo hago por mí, lo hago por todos, por la familia, por la Argentina, porque es lo justo.

La tensión es enorme. Algunos no miran, otros pasean, van de la verborragia al silencio, cada uno lo lleva como puede. Estrujo tanto al gatopardo que casi que se me tatúa en la palma. Y Messi convierte y Dibu ataja y Montiel define. Ahora sí el abrazo es eterno y las lágrimas de alegría interminables. 

Y todos a festejar al obelisco. 

Se viene conmigo el gatopardo, él también colaboró para conseguir esta victoria.

Argentina Campeón
Argentina Campeón y el bebé que acaba de despertarse.
La familia en el Obelisco
La familia en el Obelisco
Periodistas Viajeros en el obelisco, Argentina Campeón
Periodistas Viajeros en el obelisco, Argentina Campeón

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