Recomendación de alojamiento
dónde dormir en Luang Prabang, Laos
Luang Prabang es, sin dudas, la joya de Laos. Una ciudad que combina la antigua arquitectura laosiana con las elegantes huellas del pasado colonial francés. Situada en la confluencia de los ríos Mekong y Nam Khan, y rodeada de montañas cubiertas de vegetación y palmeras que se mecen al ritmo de la brisa tropical, Luang Prabang parece detenida en el tiempo.
Uno de sus grandes imperdibles es el Night Market, que comienza a desplegarse cada día a partir de las cinco de la tarde. Los puestos de artesanías, ropa, pinturas y productos locales llenan la avenida Sisavangvong, justo detrás del antiguo Palacio Real, hoy convertido en Museo Nacional, y del templo Wat Haw Pha Bang, donde se resguarda la figura dorada del Buda Pha Bang, que da nombre a la ciudad.
En uno de los extremos del mercado, se abre un colorido patio con mesas al aire libre, rodeado de decenas de puestos de comida. Allí se puede probar de todo: platos tradicionales laosianos, especialidades chinas y tailandesas, carnes y mariscos a la parrilla, hamburguesas, jugos de frutas frescas y, por supuesto, las clásicas cervezas heladas.
Dominando el paisaje urbano se alza la colina de Phou Si, el corazón geográfico y espiritual de la ciudad. En su cima, a la que se llega tras ascender 322 escalones, esperan templos, estupas e imponentes vistas panorámicas que recompensan el esfuerzo.
Luang Prabang alberga decenas de templos budistas de exquisita arquitectura, como el Wat Xieng Thong, el Wat Mai, el Wat Visoun y el Wat Sene, entre muchos otros. Los encantadores callejones siempre conducen hacia la orilla de alguno de sus dos ríos. Con Caro disfrutábamos especialmente de caminar al atardecer por la costanera del Mekong, sentarnos en alguno de los bares o restaurantes con terraza, pedir una cerveza fría y probar camarones fritos mientras el sol se escondía en el horizonte.
Para quienes quieran explorar más allá del centro, dos experiencias se destacan: un crucero por el Mekong con cena a bordo, ideal para admirar los paisajes al atardecer, o la excursión a las cataratas de Kuang Si, un paraíso natural donde se puede pasar el día y bañarse en sus refrescantes ojos de agua.
Nosotros llegamos a Luang Prabang desde Tailandia en un crucero por el río Mekong, podés ver acá nuestra experiencia.
Dónde dormir en Luang Prabang: Meunna Hotel Boutique
Y para descansar, el Meunna Boutique Hotel se presenta como una excelente opción. Con una estética acogedora, detalles de diseño local y una atención personalizada, es el lugar ideal para disfrutar del ritmo tranquilo y la atmósfera única de Luang Prabang.
El Meunna Boutique Hotel es un pequeño y encantador alojamiento de 15 habitaciones, amplias, luminosas y modernas, equipadas con aire acondicionado, wifi, minibar y vistas a la piscina en la mayoría de las habitaciones.
Después de recorrer la ciudad y sus templos, poder refrescarse en la piscina se vuelve indispensable en Luang Prabang, donde el clima cálido acompaña todo el año.
El hotel está ubicado a solo diez minutos a pie del Night Market, en una zona tranquila pero rodeada de restaurantes, tiendas, mercados y con vistas al monte Phou Si. El desayuno, incluido en la tarifa, es muy rico, variado y abundante, con opciones tanto asiáticas como occidentales. Ideal para arrancar el día con energía.
La recepción funciona las 24 horas y el personal se destaca por su amabilidad y disposición para ayudar en todo momento. La atención de Lam fue excelente. Habla un inglés perfecto y no solo nos ayudó con todo lo que necesitábamos en el hotel, sino que también nos dio muy buenas recomendaciones para conocer lo mejor de Luang Prabang, esos imperdibles y también esos rincones que uno descubre gracias a los consejos locales.
Tanto la limpieza de la habitación como la de la piscina fueron impecables. El wifi funcionó siempre de manera excelente, algo que no siempre es tan fácil de encontrar en Asia. Sin dudas, un lugar cómodo y muy bien ubicado para disfrutar al máximo de la ciudad. Además, el hotel ofrece bicicletas gratuitas para recorrer todo a otro ritmo y descubrir rincones menos transitados.

